Vínculos personales. El desequilibrio entre el dar y el recibir da lugar a dependencias y sufrimiento en las relaciones

Vínculos personales. El desequilibrio entre el dar y el recibir da lugar a dependencias y sufrimiento en las relaciones

Vínculos personales

¿Cuántas veces has pretendido dar algo que no puedes dar, porque sencillamente no lo tienes, cayendo en la frustración y la lucha contra ti mismo? ¿En cuántas ocasiones das a los demás cuando realmente no pueden, quieren o necesitan recibir, generando descontento y sensación de deuda? ¿Cuántas veces esperas recibir algo de otra persona que, por más que te empeñes no puede darte, porque sencillamente no lo tiene?

Nuestros Vínculos personales se fundamentan en el intercambio que generamos entre el “dar” y el “recibir” con quienes nos relacionamos

La calidad de nuestras relaciones se forja en el flujo que existe entre aquello que damos y aquello que tomamos de los demás. A través del intercambio es como nos vinculamos con nuestros amigos, compañeros de trabajo, conocidos y parejas.

El modo en que se desenvuelve este intercambio, poco a poco va forjando el tipo de unión que tenemos con cada persona. En la calidad y el equilibrio de nuestro intercambio, plantamos las semillas que determinan los nexos que nos unen a los demás. Por eso es tan importante que tomemos consciencia de la danza del dar y el recibir en nuestras relaciones, que pongamos una especial atención al intercambio que generamos con cada persona, pues de él depende que las semillas plantadas florezcan en forma de amor, lealtad, confianza y pertenencia, o, por el contrario, como insatisfacción, sufrimiento, dependencia y desconfianza.

Muchas veces no somos conscientes de las implicaciones del modo en que nos relacionamos en nuestros Vínculos personales para que pueda darse un enriquecedor, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el recibir

Solo podemos dar aquello que tenemos y podemos dar. Siempre y cuando el otro pueda, quiera, y necesite recibirlo. Solo podemos recibir aquello que realmente podemos, queremos y necesitamos recibir. Siempre que la otra persona pueda dárnoslo, porque tenga “eso” para darnos. Alteramos este intercambio en equilibrio cuando entramos en juegos de manipulación, chantaje y poder restando dignidad y libertad a la otra persona.

El desequilibrio entre el dar y el recibir crea desigualdad y deuda

Si nos observamos con honestidad, descubrimos que forma parte natural de la condición humana desear “devolver” o “compensar” lo que recibimos de los demás. Es una necesidad inherente y natural el querer “dar de vuelta” algo a otra persona cuando hemos recibido de ella. Igualmente, cuando damos, de forma sutil y a veces inconsciente, sentimos que merecemos ser compensados recibiendo algo de vuelta.

Tanto el deseo de compensar al otro cuando recibimos, como el de ser compensados cuando damos, es normal en todas las relaciones humanas

A veces, atrapados por nuestro personaje “espiritual”, proclamamos que damos a los demás sin esperar nada a cambio, entrando en una especie de “bypass” espiritual que soterradamente desoye a la parte humana que, en realidad, sí espera una compensación. Incluso si nuestro grado de desarrollo hubiera desembocado en este estado de “dar sin esperar compensación alguna”, tenemos que tener en cuenta que al dar a otra persona más de lo que es capaz de devolver, probablemente estamos generando en ese vínculo una percepción de deuda e incomodidad para ella. El desequilibrio en el intercambio de las relaciones puede crear muy sutilmente la percepción de que “yo soy mejor que tú”, pues doy más de lo que recibo, o que “yo soy peor que tú”, pues doy menos de lo que tomo.

Observa. Si das a otra persona más de lo que puede recibir y devolver, inevitablemente estás creando desigualdad en esa relación. Por eso, en este caso, probablemente el “yo” quede consciente o inconscientemente como: “más grande y mejor” que la otra persona. Igualmente, si el “yo” toma más de otra persona de lo que en realidad puedo recibir y compensar, posiblemente de forma muy sutil, se sienta “más pequeño y peor” que el otro.

Todos disponemos de una sutil percepción de “estar en deuda” cuando hemos recibido más de lo que podemos devolver

Prestemos atención a estos movimientos sutiles en nuestros intercambios, orientándonos a que el equilibrio entre dar y recibir permita que ambas partes se sientan en igualdad, dignas y libres. Muchos de los juegos de poder que nos alejan de vivir en relaciones equilibradas y con la profundidad de un corazón abierto, surgen de la percepción de que: “yo soy mejor que tú porque doy más que tú”. O al revés: “yo soy peor que tú porque no logro sacrificarme tanto, o entregarme tanto, o dar tanto como tú das”.

El desequilibrio entre el dar y el recibir da lugar a dependencias y sufrimiento en las relaciones

Aquel que da compulsivamente sin tener en cuenta la medida del otro para recibir y devolver manteniéndose digno, de forma consciente o inconsciente se coloca en un lugar de superioridad. Muchas veces, precisamente el dar de forma compulsiva encubre una necesidad de que el otro sea dependiente de nosotros y controlarla, aunque ese constante “dar” esté disfrazado bajo los argumentos de la bondad y del amor.

Curiosamente, en muchas relaciones de pareja, amistad, o incluso de trabajo, la persona que se aparta de la relación y se va, es la que más ha recibido. Esto sucede porque lo que se recibió, no pudo ser devuelto de algún modo. Al incrementarse cada vez más la sensación de ser más pequeños que el otro, al no poder asumir la compensación de la deuda que sentimos, nos vamos para poder sentirnos dignos, libres y en igualdad en otros vínculos.

Tanto el que se siente pequeño y dependiente en una relación por recibir más de lo que puede devolver, como el que se siente más grande por dar más de lo que le puede ser devuelto, se sienten incómodos y faltos de libertad en esa relación. Quien se siente en deuda no está libre, quien se siente con derechos sobre otro, tampoco lo está

Seamos conscientes de la importancia que tiene estar atentos al “desde dónde” damos y recibimos en nuestros Vínculos personales. A no dar más de lo que realmente podemos dar y el otro puede recibir y devolver. A no recibir más de lo que de una manera u otra podemos devolver.

Luisa Alguacil


Interesante vídeo de Joan Garriga sobre el equilibrio en el intercambio en las relaciones personales


Pausa Mindfulness o Práctica Atención Plena para la cotidianidad. Date un momento mindfulness.

Practícalo  varias veces durante el día. Trata de adoptar una postura cómoda y amable para tu cuerpo según tu momento y circunstancia.  Coloca la espalda firme y relajada. Toma conciencia de tu cara y permite que se relaje y ahora permite que aflore una sonrisa sutil en tus labios conectada con la sonrisa interior de tu corazón, observa tu interior con este gesto. Inhala y al inhalar toma conciencia de cómo entra el aire y llena tus pulmones.  

Este ejercicio te resultará muy útil para desestresarte, en momentos de agobio o cansancio. Se basa en la quietud, en el arte de estar “totalmente presente”, con claridad de mente y atención plena a lo que se dé. 

Realizarlo es algo muy sencillo: mantén la espalda recta y las manos relajadas en tu postura favorita… Respira de forma consciente y regular, y deja que tus pensamientos y emociones pasen por ti sin engancharte a ellos: como contemplamos las nubes atravesar el cielo… 

Se trata de experimentar lo que está pasando “ahora”, y permanecer en contacto con lo que surja: sensaciones corporales, pensamientos, emociones, imágenes…

Sin dejarte atrapar por ellos, manteniendo viva la conciencia de que tú “no eres eso”, eres “el que observa eso”.

Sitúate en el presente, en cada respiración…

No analices nada, simplemente reconócelo y déjalo pasar: pensamientos, recuerdos, sensaciones, emociones…

Cualquier imagen, pensamiento o distracción es irrelevante.

Tú sigue centrándote en tu respiración, en el hecho de estar simplemente presente aquí y ahora con lo que hay, sin tratar de modificar nada…

Regálate unos minutos de descanso…


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