Nadie puede hacerte feliz – Nadie puede hacerte infeliz

Nadie puede hacerte feliz – Nadie puede hacerte infeliz

¿Cuántas veces hemos buscado la felicidad a través de los demás y, por mucho que lo hayamos intentado, siempre retornamos al mismo estado de insatisfacción y carencia? ¿Cuántas veces hemos atribuido las causas de nuestra infelicidad a los demás en vez de asumir nuestra propia responsabilidad consciente?

Es clave en el desarrollo de cualquier ser humano el momento en el que afronta la realidad de que “nadie puede hacerle feliz” y, de la misma manera, “nadie puede hacerle infeliz”.

Nosotros somos los únicos responsables de nuestra felicidad. De nosotros depende la manera en la que interpretamos lo que acontece, en nuestra mano está el cultivar la consciencia para sentirnos felices por lo que somos, y no por lo que buscamos en los demás, en especial, en nuestras relaciones de pareja.

Observa el modo en que te relacionas…

A medida que afinamos nuestra capacidad de auto-observación, somos más conscientes de cómo funciona nuestra mente pensante o “ego”. Nos damos cuenta de que nuestro personaje, construido a base de memorias de experiencias pasadas y transgeneracionales, de las que muchas veces no somos conscientes, vive tratando de compensar y suplir mediante lo exterior, sus carencias emocionales del pasado.

La felicidad no está ni en las circunstancias ni en los otros

Cuando vives identificado con tu “personalidad”, tu percepción es la de sentirte “separado” de los demás y de la vida. Te identificas con tu pasado y tu sistema familiar, en oposición a los demás y al mundo que te rodea. Identificarte con este “ego” es identificarte con la dualidad, la carencia, la separación y la insuficiencia, y buscar constantemente una felicidad que crees que te falta, en las circunstancias y en los otros.

Uno de los lugares más frecuentes para buscar la felicidad es la relación de pareja

Observa a tu personaje honestamente y pregúntate: ¿Creo que alguien puede hacerme feliz? ¿Creo que la felicidad se puede lograr a través de una relación? Es habitual que, en lo profundo, descubras que hay una parte de ti que anhela la felicidad a través de una relación especial de intimidad. Esa es la naturaleza del ego. Al vivirse separado de la vida y de la identidad esencial de la que él mismo surge, busca equivocadamente la felicidad en otra persona, en lugar de reconocerla en la fuente de la consciencia de la que él mismo emerge, en el silencio primordial que “es” y que no necesita nada para experimentar la felicidad porque es su esencia.

Es común atribuir la causa de nuestra felicidad, de nuestras emociones en los demás delegando nuestra responsabilidad

Es muy común escuchar frases como “esta persona me hace muy feliz” o “esta persona me causa infelicidad”. Atención a cómo utilizamos en nuestra vida el pronombre “me”: con él, atribuimos las causas de nuestras emociones a los demás y delegamos la responsabilidad de nuestra felicidad en otros.

La felicidad solamente depende de nosotros

La felicidad solamente depende de nosotros, de nuestro compromiso y auto-responsabilidad con el cultivo de la consciencia, con nuestra gestión mental y emocional, y al final, con el autodescubrimiento de nuestra identidad esencial.

El camino de vida en pareja puede ser una verdadera aventura de maduración y desarrollo de bellas cualidades humanas, desde el momento que dejamos de confundir la relación con el hecho de ser felices o no serlo y asumimos la personal responsabilidad de maduración y felicidad

La pareja nos aportará muchas cosas y muy valiosas. Un camino de crecimiento personal y transpersonal compartido, goce, vínculo, pertenencia, vivencia de la sexualidad, complicidad, confianza…

Haciendo un ejercicio de honestidad y autoconsciencia podemos preguntarnos…

“¿Desde dónde me he unido con mi actual pareja o con las anteriores? ¿Desde el deseo de cubrir mis carencias infantiles, o desde el deseo de compartir un trecho del camino como vía de crecimiento?”

Existe una enorme diferencia entre sentir que “tengo pareja” o que “soy pareja”. Cuando siento que “tengo” una pareja, mi atención está situada en el “obtener” del otro para cubrir mis huecos emocionales, es decir: coloco la relación de pareja al servicio de mi ego. Cuando siento que “soy pareja”, cultivo las cualidades de ser un compañero o compañera de camino junto a la otra persona, desde la profunda consciencia de que “yo soy” el responsable de mi crecimiento, que comparto y refuerzo con la persona que en este tramo de vida me acompaña y acompaño.

Desde este lugar, en el que me ocupo con coraje y consciencia de trabajar en mis huecos afectivos, en la integración del niño o niña que fui junto a mis padres, en el que me responsabilizo de mí mismo, puedo mirarle a los ojos y decir: “Te elijo a ti, pero sin ti también soy feliz; sin ti, también habría vida para mí”.

No es posible madurar, hasta el punto de sentir en nuestras relaciones que “sin ti también soy feliz”

Hasta que no hemos asumido e integrado con amor las emociones difíciles y carencias experimentadas junto a nuestros padres. Y no solo es importante integrar lo que nosotros vivimos junto a ellos, sino también lo que ellos vivieron entre sí. Este es el modo de sentirnos adultos, de mirar a la pareja como un ser humano igual a nosotros: capaz, adulto, libre, y responsable.

Existe una enorme conexión entre la relación de nuestros padres y nuestras relaciones de pareja

Cuando miramos hacia la experiencia con nuestros padres, nos damos cuenta de la enorme conexión que existe entre la relación de nuestros padres y nuestras relaciones de pareja. Podemos descubrirnos en algún momento reproduciendo su patrón en nuestras parejas, podemos reproducir el patrón que nuestra madre expresaba hacia nuestro padre, el que ambos expresaban intermitentemente. También podemos reproducir el patrón de relación que nosotros teníamos hacia nuestro padre o nuestra madre, o ambos, y el que ellos expresaban hacia nosotros.

Es un ejercicio vital para cada uno de nosotros observar y darnos cuenta de qué manera se expresan estos patrones en nuestras relaciones

Pero en esencia, lo que sucede al repetir patrones es que internamente “aún miramos más a nuestros padres que hacia la vida”. Todavía estamos como niños atados a ellos. Podemos resumir esta atadura con la frase: “Papá, Mamá: os sigo”. Seguimos sus patrones de relación entre ellos, o los que se expresaban en nuestra relación con ellos, desde una conciencia infantil, desde el niño o la niña que, por lealtad ciega e inconsciente, aún se identifica con sus padres. Porque los niños sienten que, para poder sobrevivir y pertenecer a su sistema familiar, tienen que ser leales y seguir a sus padres. Sienten que incluso tienen que hacer algo para que sus padres sean felices.

Seguimos los patrones de relación de nuestros padres desde una conciencia infantil por lealtad ciega e inconsciente. Solo desde la observación y desde el darse cuenta, podemos ir desmontando esos patrones y responsabilizarnos de nuestra propia vida. Respetando sus vivencias y ocupándonos de nuestro niño o niña

Luisa Alguacil


Interesante vídeo de Joan Garriga sobre “El buen amor en la pareja”


Pausa Mindfulness o Práctica Atención Plena para la cotidianidad. Date un momento mindfulness.

Practícalo  varias veces durante el día. Trata de adoptar una postura cómoda y amable para tu cuerpo según tu momento y circunstancia.  Coloca la espalda firme y relajada. Toma conciencia de tu cara y permite que se relaje y ahora permite que aflore una sonrisa sutil en tus labios conectada con la sonrisa interior de tu corazón, observa tu interior con este gesto. Inhala y al inhalar toma conciencia de cómo entra el aire y llena tus pulmones.  

Este ejercicio te resultará muy útil para desestresarte, en momentos de agobio o cansancio. Se basa en la quietud, en el arte de estar “totalmente presente”, con claridad de mente y atención plena a lo que se dé. 

Realizarlo es algo muy sencillo: mantén la espalda recta y las manos relajadas en tu postura favorita… Respira de forma consciente y regular, y deja que tus pensamientos y emociones pasen por ti sin engancharte a ellos: como contemplamos las nubes atravesar el cielo… 

Se trata de experimentar lo que está pasando “ahora”, y permanecer en contacto con lo que surja: sensaciones corporales, pensamientos, emociones, imágenes…

Sin dejarte atrapar por ellos, manteniendo viva la conciencia de que tú “no eres eso”, eres “el que observa eso”.

Sitúate en el presente, en cada respiración…

No analices nada, simplemente reconócelo y déjalo pasar: pensamientos, recuerdos, sensaciones, emociones…

Cualquier imagen, pensamiento o distracción es irrelevante.

Tú sigue centrándote en tu respiración, en el hecho de estar simplemente presente aquí y ahora con lo que hay, sin tratar de modificar nada…

Regálate unos minutos de descanso…


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